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Día de la democracia costarricense, nada que celebrar

Ana María Rodríguez Pereira
Vocera de Aborto Legal Costa Rica

Hoy 7 de noviembre, día de la celebración de la democracia costarricense y aniversario 59 del sufragio femenino, quisiera reflexionar sobre la ciudadanía de las mujeres en Costa Rica.

 

Recuerdo cuando en clases de estudios sociales mis maestras comentaban que fue gracias a don Pepe que las mujeres pudimos votar. Y lastimosamente por muchos años creí que fue así, que un señor mayor magnánimo había bajado del cielo a regalarnos el derecho a tener voz y voto, me pregunto ¿de dónde aquella niña cartaga habría podido sacar tremenda idea?

 

Me tomó muchos años descubrir, un poco por casualidad y un poco por iniciativa propia, que el derecho al voto no fue un regalo divino de un señor magnánimo, sino producto de una lucha constante de la Liga Feminista de Costa Rica, mujeres valientes y ejemplares a las cuales deberíamos reconocerles mayor protagonismo en nuestra historia. Las cuales tienen mayor mérito de ser mencionadas que cualquier otro político señoro de la época.

 

Y al aprender de quienes quedaron olvidadas en las páginas de los libros oficiales que nos enseñan, me pregunté ¿Qué pensarían aquellas mujeres sobre nuestra realidad hoy? ¿Considerarían el ejercicio de una ciudadanía real a la manera en que vivimos? Ciertamente han habido avances, pero ¿es suficiente?

 

Así, enmarcada en la celebración del aniversario de nuestra ciudadanía invito a las mujeres costarricenses a reflexionar ¿Somos realmente tratadas como ciudadanas en nuestro país?

 

En un país cuyo presidente le dice a una periodista que le pregunta en su ejercicio profesional y de la manera más respetuosa posible, para cuándo estará la norma técnica que garantice por fin la aplicación del aborto impune, le responda que no es prioridad. Que la vea a la cara y sin ninguna vergüenza le diga que sus derechos reproductivos no son prioridad.

 

En un país donde las mujeres con un embarazo que ponga en riesgo su salud o vida, no tengan acceso a un procedimiento médico básico que según estándares de salud internacional debería estar accesible desde hace décadas.

 

Un país demandado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por no garantizar el aborto impune a mujeres cuya vida o salud estaba en riesgo.

 

En un país cuyos últimos dos presidentes se han burlado del dolor de mujeres torturadas por el sistema de salud público, al irrespetar las promesas realizadas a Ana y Aurora y no firmar una norma técnica que garantice el aborto impune.

 

Un país que le ha fallado a las mujeres al someter su cuerpo al debate público en lugar de hacer valer la ley que es hoy, vigente.

 

Un país cuyo presidente nos dice que no somos prioridad, ¿le podemos decir a eso democracia?

 

No, hoy no hay nada que celebrar.

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